El precio del número decide si la rifa se vende o se queda a la mitad. No es una cuenta de dividir: es una decisión sobre quién va a comprar.
Por Equipo Winio Lat · Actualizado el 17/9/2026
Toda rifa empieza por acá y casi ninguna lo escribe. No es «lo que salga»: es un número concreto —el viaje, la cirugía, las camisetas del club— más lo que la rifa te va a costar.
Esa segunda parte es la que se olvida. El premio, la impresión si vas a vender en papel, y la activación de la rifa si tiene más de cien números. Si el premio lo donaron, mejor: sale del cálculo, pero anótalo igual para saber cuánto vale lo que estás sorteando.
Meta más costos, dividido la cantidad de números, da el precio mínimo. Si quieres juntar 5.000.000 con 500 números, cada uno tiene que salir 10.000 y venderse entero. Eso último casi nunca pasa.
Por eso la cuenta se hace al revés: se calcula con el 70% vendido. Si con el 70% no llegas a la meta, el precio está mal o los números son pocos. Es el ajuste que separa una rifa que cierra de una que termina poniendo dinero de su bolsillo.
Son dos rifas distintas. Un número barato —lo que alguien gasta sin pensar, un café, un almuerzo— se vende por WhatsApp a gente que no te conoce, y necesitas muchos. Un número caro se vende mirando a los ojos, y necesitas pocos compradores pero cercanos.
La mayoría de las rifas de club, escuela o causa médica funcionan mejor con la primera: el número tiene que costar lo que una persona decide sin consultarlo con nadie. Si tiene que pensarlo, no lo compra por mensaje.
Y hay un límite del otro lado: si el premio es una moto y el número sale monedas, hacen falta miles de compradores. Nadie los tiene. El premio y el precio se eligen juntos, no uno después del otro.

El precio se dicta por teléfono, se escribe en un mensaje y se transfiere de memoria. Un número redondo se recuerda, se suma mental y no genera vueltos imposibles.
Y conviene que dos números también den redondo: quien compra dos es tu mejor cliente y no tiene que hacer una cuenta rara para pagarte.
Se puede, pero no conviene. Quien compró al precio viejo lo va a saber, y en una rifa de barrio eso se cuenta. Si tienes que ajustar, es mejor sumar premios que bajar el precio.
Los que puedas vender con la gente que tienes cerca, más un margen. Una rifa de 1.000 números vendida a la mitad se ve peor que una de 300 vendida entera, y recauda parecido.
Se sortea igual entre los vendidos, y hay que decirlo desde el principio. Lo que no se puede es sortear un número que nadie compró: eso se nota y quema la rifa siguiente.
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